Desarrollo Comunitario, Ecotecnologías, Psicología, Psicología Social, Ruralidad

“Yo me baño los domingos lo necesite o no” Estrategias compensatorias en torno a la insuficiencia de acceso optimo al agua.

recipientesDesde la psicología de la sustentabilidad se escribió un texto llamado: “Los estilos de vida en torno a las problemáticas hídricas”(García Lirios, 2012), este texto hace algunas reflexiones en torno al uso de estrategias compensatorias en relación a la dificultad de acceso al agua. Cabe mencionar que esta dificultad es resultado de un uso insustentable del recurso y de una marginación que parece normalizada.

A partir de la revolución industrial se inicia un consumo desmedido de agua, producto de la tecnificación en pos del desarrollo. A pesar de que existen ciclos naturales en la disposición de agua, relacionados con temporales de sequia o inundaciones, el uso irracional genera nuevas y diversificadas formas para hacerse del vital líquido.

La inequidad en la disposición de agua generó que se construyeran estilos de vida austeros, altruistas o contractuales.

La carencia de recursos y el peligro de su perdida han sido la principal razón para la adopción de estilos de vida en favor de su preservación. Es decir la implementación de estrategias para hacer frente a la carencia.

El crecimiento exponencial de la población trae consigo  el aumento indiscriminado del almacenamiento, lugar en donde se sitúan los megaproyectos como el caso de las presas. En este almacenamiento indiscriminado los mayores afectados son los que históricamente han sido marginados o excluidos de su completo aprovechamiento. Quienes pagan menos por el agua consumen más y quienes pagan más por ella consumen menos.

Las comunidades y los barrios periféricos de las urbes son quienes más tienen que buscar alternativas para la reparación de fugas o la construcción de formas de explotación almacenamiento y distribución del agua. Por su parte quienes tienen acceso más fácil al recurso tienen mayor derroche o no prestan atención a las fugas.

Las ciudades por antonomasia son las mayores consumidoras de agua, las que más la despilfarran y las que menos captación logran, además son las mayores consumidoras de agua virtual, es decir el agua que va en los alimentos y productos que consumen.

La desigualdad en el acceso al agua ocasiona una lucha desleal e ilegal por hacerse del recurso.

Algunos han propuesto que el agua incluya costos ambientales de oportunidad, financieros, distributivos, operativos y de mantenimiento.

La marginalidad trae como consecuencia la falta de servicios, el acceso insuficiente al agua es uno de los resultados de esta marginación.

Se espera que en promedio una persona consuma 200 litros de agua diario. Esto puede calcularse multiplicando el total de habitantes de un hogar por 200 litros de agua y contratarse con lo expresado en el medidor o recibo. Parte del problema es que las características de estas viviendas precisamente no tienen un medidor.

El consumo reducido parece ser la respuesta ante la infraestructura deficiente del servicio de agua potable. Así los recipientes comienzan a ser el foco de atención para determinar que tanto se ahorra agua, ya que estos recipientes determinan la cantidad de agua utilizada para bañarse, para el escusado, para el lavado de ropa y de trastes, además el almacenamiento se realiza generalmente en tambos o botes.almacenamiento

El 60% del total del agua en un hogar se va en el uso en el baño, así que esta estrategia compensatoria logra un alto ahorro.  Se puede observar además que la existencia de utensilios para el enjuague de ropa y trastes en conjunto genera la sensación de limpieza, en otras palabras no se enjuaga prenda por pendra o trasto por trasto, sino que todos los trastos van dar a un recipiente con agua y esto se percibe como que los trastos sumergidos están limpios. Lo mismo sucede con la ropa. Finalmente toda esta agua de reuso, va a dar al escusado, al riego de plantas o el lavado de pisos. El reúso de aguas grises entonces se convierte en una de las principales estrategias para el ahorro de agua.

Para muchos desde una mirada externa ver que en las familias sólo existe un día de ducha, que puede ser el domingo o un día festivo es fuertemente criticado, sin embargo se convierte en lugares con gran escases en una estrategia compensatoria, que tiene su propia lógica en la percepción de su necesidad y la expectativa de su consumo.

¿Has pensado cuánta agua es la óptima para usarse en tu hogar? Ojala que podamos contestarnos esa pregunta y elegir una alternativa como los sistemas de captación y almacenamiento de agua de lluvia, sistemas que además pueden implementarse tanto en medios urbanos como rurales.

@roldrigo

García Lirios, C. y. o. (2012). Los estilos de vida en torno a las problematicas hídricas.

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Las siguientes lineas dan cuenta de algunas reflexiones de campo que datan del 2009, tiempo en que colaboraba con una institución para el desarrollo comunitario. Sirva pues éstas para ilustrar distintas visiones que participan en la intervención planeada para atender necesidades

Todos estamos de acuerdo

100_1925El camino, la carretera, la brecha es una constante en las actividades para el desarrollo comunitario. El camino presenta varias opciones, si se va en transporte publico, es muy fácil darse cuenta de las dificultades para llegar algunas comunidades, el reto claro siempre está en los horarios, las distancias, las incomodidades a las que todos parecen haberse acostumbrado. Nunca hay un camión directo a donde vamos, los “raites” que se cobran a muy buen precio. La ventaja siempre está en la posibilidad de tener un buen conversador al lado, el paisaje y si se quiere un sueño reparador.

Si por el contrario se viaja en un vehículo particular los inconvenientes son otros, el trafico, las prisas, los limpia parabrisas, vendedores ambulantes de coche en coche  (todas esas cosas que se piensa son naturales de la ciudad), la carretera siempre en reparación. Las ventajas, claro, las conocemos.

Sí, conforme se gastan kilómetros, el paisaje cambia, los ruidos, las construcciones, las necesidades. Pero camino a Chalpicote, en Poncitlán también van cambiando las ideas y muchas veces los prejuicios que se tienen.

Camino a una reunión entre instituciones afines a la asistencia social, suceden varias cosas, suceden varias ideas. En esta reunión en particular, la cabecera municipal nos recibe en vehiculo, al parar en un semáforo un señor de aproximadamente 70 o 75 años, vestido a la usanza de la gente de campo (sombrero, camisa a cuadros, huarache) sostiene un letrero en que dice “usted puede ayudarme”. Mi primera idea: ¿Cómo imagina él que podemos ayudarle?

Durante la reunión se habla de pobreza, de necesidades, de programas sociales, de virtudes de nuestras instituciones y alguien comenta el mismo hecho que a mí me llamara la atención.

Cuando se habla de aquel señor al borde de la carretera los comentarios no se hacen esperar “la gente siempre está esperando que le ayudes para todo” que raro ver a alguien pidiendo cosas en estos lugares, aquí todos son muy echados pa’ delante” “en que necesita que le ayuden”, “debería ayudarle el DIF”. En el criterio de algunos esa imagen se sale del esquema, lamentablemente es común que una escena como ésta se dé en ciudades del tamaño de Guadalajara, donde al parecer las desventajas sociales son más evidentes y los cruceros se llenan de personas que procuran sus sustento. En la cabeza de varios presentes en la reunión no está la posibilidad que esto suceda en un ambiente más cargado a lo rural.

Quien llegó al municipio en autobús vivió una realidad distinta a quien lo hizo en su propio vehículo, quien miró desde dentro de su coche vivió una situación con mayores ventajas que quien vio al interior del vehículo desde un crucero, quien sostiene el letrero (la necesidad) lleva más peso encima que quien lo lee. Parece que a mirada de cualquiera es fácil identificar quien es más vulnerable. Dentro de la misión de cualquiera de las instituciones que en ese momento estaban reunidas coincidían en  “Atender condiciones de vulnerabilidad”. Las instituciones públicas que abordamos el problema tenemos una responsabilidad, es una labor del estado enmarcada en las asistencia social (Fletes Corona R. 2009, p. 4)

Todos están de acuerdo, las condiciones de vulnerabilidad deben de atacarse. El inconveniente es que cada cual entiende la vulnerabilidad y sus causas de forma distinta.

Algunos apuestan a que la vulnerabilidad se debe a la pobreza, por lo que la solución está en generar empleos, ingresos. Otros piensan que la pobreza rebaza a lo económico, entonces hay que favorecer el desarrollo humano. Otros que la falta de educación formal es la causa de la vulnerabilidad, entonces las clases, las becas.  Todos coinciden en que no es una situación ya dada a un grupo o comunidad y que puede cambiarse. Todos estamos de acuerdo.

Un aventón.

100_1934Sólo hemos recorrido una parte del camino. La localidad de Chapicote a donde nos dirigimos esta ubicada a 11 kilómetros, 7 Kilómetros de pavimento y 4 de terracería hasta donde se le denomina la Coronilla o Crucero a San pedro Itzicán.

De regreso a tomar la carretera, me encuentro de nuevo al señor en la carretera. Esta vez me detengo y decido preguntar ¿Cómo puedo ayudarlo? La respuesta es muy sencilla, necesita un “Aventón hasta el crucero a San Pedro”. En el camino, me cuenta que pide ayuda de esta forma, por que “debes acercarte donde hay gente que te ayude con lo que necesitas”, en este caso la carretera. Una respuesta básica en la manera de acercarnos a atender las condiciones de vulnerabilidad. Es decir la vulnerabilidad representa las carencias y dificultades para enfrentar una situación, pero además las estrategias para hacerles frente (Pizarro, Roberto, 2001). La comunidad, las familias y en general las personas, tenemos claro cuales son las “necesidades” que tenemos.  Necesidad es definida como “una sensación de carencia unida al deseo de satisfacerla. Ejemplo: sed, hambre, frío, afecto, logro, realización, poder etc. Las necesidades son inherentes en el ser humano”[1]. La gente “sabe qué necesita”. Las instituciones entonces caemos muchas veces en la tentación de creer que sabemos más que la personas o grupos que atendemos. Entonces la respuesta es automática, sí necesita “X” entonces hay que dar “X”. Este enfoque tiene algunas dificultades, por una parte suponer que conocemos mejor las necesidades que quien las vive, pone en una relación asimétrica “al necesitado” que por demás, ni siquiera es capaz de reconocer su necesidad. Por otra parte la necesidad siempre es inacabada, es decir las necesidades, aparecen, se satisfacen y surgen nuevas necesidades. Suponer que podemos cubrir necesidades, envuelve a ambas partes en un círculo en una espiral ascendente, mientras más necesidades se cubren y satisfacen, necesidades más grandes aparecen y se tiene menos habilidades para cubrirlas. Tercero; lo que se provoca en las personas es una posición en la que se plantean sin elementos para hacer frente a sus circunstancias, posición mucho menos responsable que quien trabaja utilizando sus recursos y con menos posibilidades de convertirse en agente de cambio.

Creer en la capacidad humana.

estufas lorena 1 san pedro itzica junio 2010Pero ¿DIF puede atender situaciones de vulnerabilidad? DIF ha transcurrido varios momentos desde su nacimiento, por decreto en 1977 (Peregrina, Angélica). Desde el origen DIF ha tenido diferentes enfoques en la manera de servir a la población. La imagen más marcada en las personas, es la de un DIF que da despensas, que ayuda a las mamás que están solas, que atiende a niños. Y en su forma de trabajo se tienen la imagen de lo que han llamado paternalismo, es decir una analogía del  poder paternal, donde se protege, se cuida, se soluciona (Alemany, M. 2005)

Por otra parte también se reconoce a DIF como la institución cercana, en la que trabaja la gente de la comunidad, la conoce por nombre y está en la casa de quienes atiende (Rodríguez, R., 2007).

El trabajo en desarrollo comunitario de esta institución, tiene la característica del componente participativo. Y las alternativas de solución se buscan en conjunto institución y comunidad, mediante la identificación de problemas y ejecución de actividades planeadas. De esta manera la identificación de problemas y su solución, trata de hacer frente a las condiciones de vulnerabilidad que la misma comunidad reconoce.  La cercanía entonces es obligada ya que los problemas van desde los económicos, familiares, sociales, de infraestructura, de empleo, entre otros, y en la identificación de los mismos el promotor es un actor clave que la gente reconoce. Estas características hacen que el mejor medio para que las instituciones hagan llegar sus programas sea mediante la comunidad organizada. DIF apuesta a que esta característica se facilite.

En el crucero sigo el camino solo y pienso en las posibilidades de las personas, en las capacidades con las que cuentan y desarrollan, en los tres grupos que se reúnen en Chalpicote discutiendo problemas comunes. La resiliencia y la agencia humana, como conceptos y como enfoque en las personas son posibilidades de enfrentar la vulnerabilidad. Parece que DIF sí tiene responsabilidad y posibilidades de atender la vulnerabilidad en comunidades, familias y personas.

Ola que salpica en roca.

Cuando llegas a Chalpicote, puedes tener una vista privilegiada. La comunidad se encuentra en la ribera del Lago de Chapala, justo en la orilla del Lago. Desde lo alto, antes de comenzar a bajar  a la comunidad, se tiene una panorámica del Lago. Desde la comunidad, que es sólo una calle a lo largo de la orilla, se puede tocar el agua. El nombre de Chalpicote significa precisamente “agua que salpica en roca”. La historia de la comunidad no es muy lejana, data de apenas 50 años aproximadamente.

Etnicidad. Cuentan las personas de la comunidad que en sus habitantes hay un origen indígena Tarasco y Coca, pero las nuevas generaciones no se reconocen como tal, aunque sus rasgos, acento al hablar lo conservan. No se habla ninguna lengua indígena, se ha perdido. Esta comunidad no se reconoce como indígena y las instituciones que la atienden tampoco la reconocen así oficialmente aunque se sabe de su origen. Se ha perdido la etnicidad es decir, se perdió su identidad indígena,  sus rasgos culturales y de organización (Talavera, D. Luis Francisco.2009). Los grupos indígenas en Jalisco, cuentan con la comisión Estatal indigenista, (CEI), y esta “tiene como objeto orientar, coordinar, promover, apoyar, fomentar, dar seguimiento y evaluar los programas, proyectos, estrategias y acciones públicas para el desarrollo integral y sustentable de los pueblos y comunidades indígenas en el Estado de Jalisco” (Comisión Estatal Indigenista, Jalisco.2009). Sin embargo, por lo antes dicho la comunidad no puede acceder a estos servicios. Una comunidad que pierde identidad es una comunidad más vulnerable. Los procesos de filiación y la membresía nos permiten sentirnos parte de un grupo, de una comunidad. Un grupo puede tener un objetivo, conseguirlo y extinguirse, una comunidad tiene un proyecto más duradero. El grupo se termina, la comunidad perdura. Cuando no existen formas básicas de referencia, cuando el otro no pertenece a mi comunidad y mi comunidad a una más grande, cuando la identidad no pasa por la comunidad, se es más vulnerable.

Alimentarse (no solo de pan…). Agripina, una mujer líder en su comunidad siempre nos da la bienvenida con una invitación “a comer chayotes cocidos”. Ya los tiene preparados, cocidos y en un balde con el que sale al camino en cuanto nos ve acercarnos. El Chayote y el pescado son básicos en la alimentación de la gente de Chalpicote. Anteriormente al igual que en muchos pueblos, la siembra básica de la comunidad era el maíz, por supuesto este era la base de la alimentación. La siembra de Chayote para su venta se convirtió en una oportunidad de remuneración y la vocación de la tierra se fue cambiando, además de que la siembra de maíz no garantiza un ingreso económico. Prácticamente toda la comunidad tiene sus plantas de chayote y el producto lo venden a algunas personas de San pedro Itzicán a muy bajo costo, solo $10  o $12 por caja.  El pescado tiene un papel fundamental, se come pescado de la laguna cuatro o cinco días de la semana, todo el pescado es para consumo familiar y no se comercializa. Agripina cuenta que la laguna ya no da igual que antes y que además, ya no se puede beber agua de la misma debido a la contaminación. La alimentación y el ingreso económico son fundamentales y las personas dan prioridad a la búsqueda del sustento, antes de atender problemas más globales y complejos como por ejemplo, la contaminación. El componente comunitario no puede dejarse de lado, aunque las condiciones concretas de las familias reclaman atención. La familia como grupo que vincula lo individual y lo colectivo necesita, lo privado y lo publico, (Arriaga, I; Mathivet, Ch. 2007) necesita una forma específica de abordaje.

Migrar. Salir de la localidad siempre ha sido una estrategia en la búsqueda de una mejor calidad de vida. En Chalpicote han salido 18 personas entre hombres y mujeres que se emplean en Estados Unidos en la floricultura, 19 mujeres salen a Guadalajara a trabajar como empleadas domesticas, 6 niño salen a estudiar fuera de la comunidad. La migración siempre es vista como una situación temporal, las familias en general piensan en que regresarán, aunque en la práctica hay quienes no vuelven a instalarse en la localidad. Las dos principales causas de migración son la educación y la necesidad de empleo.

En los enfoque de desarrollo “el fortalecimiento a las ciudades medias, el fomento a la industria tradicional y a la PYMES” (Alburquerque, Francisco. 2004) han sido la alternativa a la solución y es el caso especifico de Jalisco.  Estos dos factores, educación y empleo, están fuertemente ligados. Cuando los proyectos económicos locales no están ligados a los puntos anteriores, las posibilidades de éxito son complicadas.

Incluyente. En la comunidad hay 5 personas con discapacidad. Como grupo estas personas no están siendo atendidas. Curiosamente aunque saben de estas personas, no parecer ser una prioridad para la comunidad. La exclusión y la marginación mantienen en un papel vulnerable a estas personas. Las casas que no tienen un piso firme, hacen difícil que se pueda tener una silla de ruedas al interior. Las calles no están aptas para usar silla de ruedas en las calles. Estas personas no tienen mayores dificultades para salir de la comunidad a atenderse, para conseguir un empleo. Ver la discapacidad como una situación que no tiene por sí misma que excluirlos de la comunidad, ayudaría a encontrar posibilidades de enfrentamiento a estas circunstancias. Con el trabajo familiar y comunitario debemos pasar del “tienen un enfermito en esa casa” a la  solidaridad comunitaria que incluye a las personas con discapacidad entre sus prioridades de atención.

Termina la reunión con la promotora y algunos representantes de la comunidad. De regreso a Guadalajara, de nuevo el camino y los pendientes.

No solo Chalpicote.

Conclusiones y retos.

De regreso a Guadalajara,  me acompañan las reflexiones.  Lo que sucede en Chalpicote no es una situación exclusiva de esta comunidad, sucede en muchas otras e incluso en algunas de ellas los problemas se magnifican.

Las instituciones están haciendo una parte importante del trabajo. Pero aun así se sigue tendiendo una visión particular del problema en cada una. Es decir pobreza, marginación, vulnerabilidad, aun se usan como sinónimos, aunque no lo sean en realidad. Revisar los términos ayuda a esclarecer y amplificar el margen de acción para el trabajo de nuestras instituciones. La labor no puede realizarse por una sola de las partes,  la participación debe superar lo presencial y tomar un papel más activo.

Una tarea pendiente, aun está en las formas sencillas de llegar con la gente, de dialogar con la gente, de que podamos conocer cuales son los principales problemas, pero además las principales oportunidades y fortalezas de esas personas. La vulnerabilidad vista en el desarrollo de sus potencialidades. Tomar en cuenta que la resiliencia y la agencia humana, son capacidades y posibilidades que pueden modificar realidades complejas.

Una institución como DIF tiene un sitio privilegiado en las comunidades.  Debido a la misión de esta institución se tiene la facilidad de tener un contacto humano con grupos y personas con alguna forma de marginación. Esta posición permite que DIF pueda conocer  a través de sus actores las situaciones concretas de las personas y que por lo tanto se facilite un dialogo en donde se puedan aprovechar mejor las posibilidades de vinculación y alternativas de solución. Aunque aun falta desvanecer esa imagen paternalista y asistencialista al estilo más clásico, fuertemente anclada a la historia institucional.

Por último, focalizar grupos vulnerables tiene cuestiones favorecedoras a su atención. Cuando se reconocen las necesidades colectivas cobra más fuerza la tendencia al cambio.  Además es importante reconocer las diferencias y reconocernos en aquello que nos hace coincidir, la vulnerabilidad como concepto engloba algo más amplio a la pobreza o la marginación. Cuando tenemos la sensibilidad para entender un problema podemos entonces movilizar posibilidades de solución. Posibilidades para reducir condiciones de vulnerabilidad.

La vulnerabilidad no es una situación inherente a ningún grupo ni persona, pero si es una condición a la que cualquier grupo o persona puede estar expuesto.

Finalmente el trabajo para superar la vulnerabilidad es una constante que las personas y las comunidades hacen parte de su vida, la aspiración es mejorar la calidad de vida, hacerse de  posibilidades.

Disminuir situaciones de vulnerabilidad es un esfuerzo permanente, un ir y venir en el aprendizaje y en los intentos de soluciones, esfuerzos y quehaceres que saben que las realidades solo pueden cambiarse siendo persistentes, siendo constante, estando siempre presente, precisamente como “la ola que salpica en la roca.

@roldrigo

Bibliografía.

Alburquerque, Francisco. Desarrollo económico local y descentralización en America Latina. Revista de la CEPAL No. 82. 2004

Alemany García, Macario. El concepto y la justificación del paternalismo. Tesis de Doctorado. 2005

Arriaga, Irma; y Mathivet, Charlotte. Los programas de alivio a la pobreza Puente y Oportunidades. Una mirada desde los actores. CEPAL, Santiago de Chile 2007.

Fletes Corona Ricardo. (notas, digresiones, apuntes para)  Repensar la Asistencia Social.  Ponencia impartida en el evento inaugural del Diplomado Interinstitucional de Asistencia Social. Abril 2009.

Peregrina, Angélica, El DIF Jalisco: aproximación a su historia. Guadalajara: El Colegio de Jalisco-DIF Jalisco, 1994 (Ensayos Jaliscienses).

Pizarro, Roberto. La vulnerabilidad social y sus desafíos: una mirada desde America Latina. CEPAL. 2001

Rodríguez Guerrero, Rodrigo. En El tiempo vive en la memoria escrita. Sistematización de la práctica, Desarrollo Comunitario, DIF Jalisco. Versión electrónica, 2007

Talavera Durón, Luis Francisco. De la ciudad divina a la urbe plurietnica: la negociación de la presencia indígena en la Zona Metropolitana de Guadalajara.  Versión corregida, junio 2009


[1] Definición tomada de  http//es.Wikipedia.org

La ola que salpica en la roca. Situación de El Chalpicote, Poncitlán, Jalisco. Las instituciones y los grupos vulnerables

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El enfoque de necesidades desde una propuesta de psicología social comunitaria

El enfoque de necesidades en las ciencias sociales en general y en particular en la psicología social,  es un tema central para el abordaje metodológico de las mismas.

Esta entrega presenta desde la propuesta  de Maritza Montero el abordaje de la indetificación de necesidades con una visión desde la psicología social comunitaria.

Maritza Montero,  encuentra como una de las tareas de la psicología social comunitaria, la identificación de necesidades (Montero, 2002)

Define la identificación de necesidades como

“el conjunto de  actividades  grupales, colectivas, de carácter participativo, mediante las cuales se busca  que una comunidad o grupo señale aspectos  de su vida común en tanto que tal,  que sienten como insatisfactorios, inaceptables, problemáticos, perturbadores, limitantes o imposibilitantes, de tal manera que ellos  impiden  alcanzar un modo de vida  diferente que se percibe como mejor y al cual aspira.” (Montero, 2002: 242)

De aquí podemos tomar algunas consideraciones.  La identificación de necesidades requiere de un actor externo al mismo grupo o que actué como tal en un acto metacognitivo y apoye en la reflexión de cuáles son las necesidades que el grupo identifica.  Cabe señalar que si bien este punto de apoyo es necesario en cuanto logra enfocar el tema, no es suficiente ya que al no posicionar esa reflexión en el sentir común se crea una dependencia de acciones en torno a la reflexión del líder y su retirada o desgaste mermará las acciones emprendidas por el  grupo.

Observamos también que hay una oposición entre necesidades sentidas y necesidades sabidas. Saber no es suficiente para tomar acciones tendientes a cambiar una situación. Es precisamente el vínculo entre saber y emoción que convierte a las necesidades en punto de apoyo al cambio social, es decir que coloca a las necesidades como movilizadoras de energía social.

Las necesidades se forman en los aspectos de  vida en común, de tal manera que trascienden el plano individual y lo sitúan en el social.  Cada grupo o comunidad forma un ideal de lo que significa un “modo de vida mejor”, pero difícilmente se percibe en solitario ya que involucra al grupo más cercano al individuo y lo relaciona con su contexto. Así, la superación de aspectos problemáticos, inaceptables, perturbadores, limitantes o imposibilitantes se da en colectivo y mediando el deseo individual con la carencia compartida.

La identificación de necesidades en este enfoque es más de  carácter emocional que  cognoscitivo, ya que sólo al ser cargado el saber de la emoción encuentra el vinculo que le da dirección  y sentido, es decir la necesidad se vuelve movilizadora de energía social.   De tal manera que sólo lograr identificar la necesidad no la convierte en motivo de transformación social. El saber del grupo o comunidad cargado de la emoción que éste genera, es lo que posibilita el surgimiento de acciones que se consideran relevantes y facilita su prioridad en la vida comunitaria.

Con respecto a los agentes externos, se debe señalar que si bien pueden servir de apoyo para nombrar la necesidad, solamente sí ésta logra ubicarse en el sentir de las comunidades, es que podrá ser verdadera movilizadora de recursos y  sostenerse el tiempo necesario para transformar tal o cual situación.

Esta postura presenta tres tipo de necesidades: Las normativas o inferidas, que son dictadas por expertos en función de criterios técnicos;  las sentidas,  o aquellas que las personas expresan ya sea nombrándolas o por otros medios de acuerdo al grado de conciencia que se tenga de las mismas; y las comparadas,  las que surgen por oposición entre quienes tienen esas necesidades cubiertas  y quienes no tienen cubiertas ciertas necesidades.

Podríamos entonces esquematizar está visión de la psicología social comunitaria de la siguiente forma:

Hay un plano objetivo y uno subjetivo de la necesidad, a este plano objetivo se liga la noción de necesidad sentida, idea ligada en este caso a la carga emocional que el sentimiento genera.  En el plano subjetivo se liga la noción de necesidad sabida, idea que se liga con que el conocimiento es parcializado y sólo nombrarlo puede dar la “visión de expertos”, pero no cargarlo de el componente emocional que movilice acciones tendientes a modificar el plano objetivo que genera la necesidad.

Por otra parte se presenta un plano social y uno individual. El plano individual esta ligado al deseo que en su extremo puede presentarse de forma inconsciente, en oposición el plano social, se liga a la carencia como aspectos de la vida en común que dificultan o entorpecen llegar a “un modo de vida mejor” y éste necesariamente se presenta de manera consciente.

Podríamos concluir en Montero, que la necesidad como movilizadora de energía social tendiente a la transformación,  se presenta idealmente en el plano objetivo, contiene una carga emocional derivada del sentir, se presenta en el plano social como resultado de una carencia y se puede identificar de manera consciente. Ver figura 1.

@roldrigo

Bibliografía consultada

Montero, M. (2002). Procesos de influencia social consciente e inconsciente en el trabajo psicosocial comunitario: La dialéctica entre mayorías y minorías activas. Psicología social comunitaria. Teoría, metodo y experiencia (Primera ed., pp. 239- 257). Guadalajara, México: Universidad de Guadalajara.

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Aquel también tiene el modito este.

Cuando se habla de trabajo comunitario, tácitamente se alude a otra comunidad: la de los que hacen intervención.

Y es que por violento que suene la palabra “intervención”,  varios coinciden en que así sucede, es decir, se irrumpe en una comunidad o grupo social con la intención de cambiar el satus quo.  De entrada hay un supuesto: que la situación social imperante o algún elemento de esta no es el conveniente.  Pero la conveniencia  se decide de una evaluación, un valor y una escala de valores que forzosamente tienen una parcialidad. Por lo menos hablamos de dos visiones antagónicas, incompatibles o incompletas.  Así que “llegar sin supuestos” suena difícil, sino que  imposible.

La entrada a comunidad  (localidad o grupo social) ya está acompañada de una crítica previa y de algún proyecto de cambio posible, las dos pueden ser igual de ingenuas y por lo tanto de complicadas o riesgosas.  Ya el bagaje cultural, académico, práctico, etcétera va echo bolas en la “mochila invisible”, que carga quien hace intervención, con buena voluntad en el mejor de los casos o con alevosía en el peor de estos.  Hay un posicionamiento casi inconsciente que dirigirá la práctica a un proceso educativo, de facilitación, de dirección, de re-ordenamiento, de agitación social, de corrección, de prevención  o un sinfín de posturas que se podrían asumir.

Al final del día, hay un actor externo  en la mitad de la comunidad, que cuestiona lo que parecía  natural, lo que nadie se preguntaba y más aun que cree tener alternativas para mejorar tales o cuales circunstancias (dicho así hasta suena mesiánico).   Todo parece claro. Tiene las maneras de hacer un diagnóstico, de crear un plan de intervención, de generar proyectos, de evaluarlos, de sistematizar la experiencia, de formar organizaciones locales sustentables  y autogestivas, de teorizar y escribir artículos destinados a otros que comparten sus prácticas,  de exponer en foros de profesionales sus resultados.  Solo hay una omisión: ¿dónde quedaron los actores locales? Sí, solamente  se omitió  preguntar  a los mismos que se debe en su trabajo, si la intervención es necesaria o pertinente.

Cuando está presente eso que llaman  reflexividad  y se cuestiona la misma práctica, muy probablemente el agente externo (aquel que hace intervención) estará igual de desarropado que al principio.

No es posible el trabajo comunitario sin personas con nombre y apellido, y más aun sin preguntas que lo lleven a un posicionamiento ético y político, cualquiera que este sea. Todos los caminos lo llevarán tarde o temprano a asumir una postura consciente  en su quehacer. Luego de un rato andado podrá mirar  los ímpetus, la ingenuidad, o lo ventajoso de otros que llegan  a esta u otras comunidades.

 

En la comunidad de los que deciden generar procesos comunitarios hay coincidencias sin duda, pero si hay algo imprescindible, es el aprendizaje de que no existen posturas únicas y verdaderas, pero se puede optar por las éticas y comprometidas.

No es difícil (re)conocernos, basta con mirar atentos para saber cuándo “aquel también tiene el modito este”

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